
Por Emilio Martínez
14 de diciembre de 2008. Estamos en el Centro Histórico de Bogotá, donde se respira el aire festivo de la cercana Navidad. Frente a mí se encuentra Felipe Salazar, ex combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ahora desmovilizado y director de la organización “Manos para la Paz”, que agrupa a cientos de disidentes de la guerrilla.
Con una larga cola de caballo en el pelo, anteojos y barba rala, Salazar habla pausadamente y recuerda el proceso que lo llevó a integrarse a las FARC, a partir del reclutamiento por parte del Partido Comunista clandestino o PC3, brazo político de esa formación. Sigue leyendo






