Por Mario Kempff
Ya no quisiéramos escribir más sobre lo que acontece en la política nacional, pero, aunque nos amarguemos, no queda otro remedio. Lamentablemente estamos gobernados por quienes jamás debieron hacerlo y ahora nos toca pagar las consecuencias. Claro que, también la factura la están pagando ellos. Pero si para la mitad del país lo que sucede causa dolor e indignación, la otra mitad – los masistas – ni se enteran y continúan, irresponsablemente, con provocaciones y con explicaciones infantiles y hasta cínicas.
“¿Cuál es el colmo de un Presidente?”, podría ser una pregunta entre los jóvenes colegiales. “Que no pueda viajar a la capital de su país”, la respuesta. Y no es sólo que S.E. no ha podido asistir a las festividades del 25 de mayo en Sucre, sino que nuevamente han existido enfrentamientos donde los chuquisaqueños han mostrado su ira por las matanzas de la Calancha, al extremo de, tal vez, propasarse con algunos campesinos oficialistas a quienes los vejaron. Imagino qué reacciones hubieran sucedido en el resto de la República si en Santa Cruz a los campesinos se los hubiera puesto en cuatro patas para que besen el suelo camba. Ya se estarían movilizando miles de indígenas para sentarles la mano a los racistas oligarcas. Y el gobierno hubiera corrido, con Choquehuanca a tropezones por delante, hasta la OEA.
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